La Pieza Ausente

Comenc a coleccionar rompecabezas cuando tenia 6 aos.Hoy no hay nadie en esta ciudad-dicen-ms hbil que yo para armar esos juegos que exigen paciencia y obsesin.
Cuando le en el diario que haban asesinado a Nicolas Fabbri, adivin que pront seria llamada a declarar.Fabri era el director del museo de rompecabezas.Tuve razn:a las doce de la noche la llamada de un policia me cit al amanecer en las puertas del museo.
Me recibi un detective alto, que me tendi la mano distradamente, mientras deca su nombre en voz baja -Lainez- como si pronunciara una mala palabra.Le pregunte por la causa de la muerte: -veneno-dijo entre dientes.
Me llev hasta la sala central del museo, donde esta el rompecabazas que representa el plano de la ciudad, con dibujos de edificios y monumentos.Mil veces habia visto ese rompecabazas y no dejaba de maravilarme.Era tan complicado que parecia siempre nuevo,como si,amedida que la ciudad cambiamba,manos secretas alteraran sus inumerables fragmentos.Not que faltaba una pieza.
Lainez busc en su bolsillo.Sac un pauelo , un cortaplumas, dos dados,y al final apareci la pieza.-Aqu la tiene.Encontramos a Fabbri muerto sobre el rompecabezas.Antes de morir arranc esa pieza.Penzamos que quizo dejarnos una seal.
Mir la pieza.En ela se dibuja el edificio de una biblioteca sobre una calle angosta.Se lea, en letras diminutas, Pasaje la Piedad.
-Sabemos que Fabbri tenia enemigos-dijo Lainez-.
Coleccionistas resentidos, como Santandrea,varios contrabandistas de rompecabezas, hasta un ingeniero loco con el que se pele una vez.
-Troyes-dije-.Lo recuerdo bien.
-Tambien est montaldo, el vicedirector del museo, que queria ascender a toda costa.
-Relaciona alguno de ellos con lesa pieza?
-Ve la B mayscula de Biblioteca? Detuvimos a Benveniste, el anticuario, pero tenia una buena coartada.Tambien combinamos las letras de la piedad bbuescando anagramas.Fu intil.Por eso pens en usted.
Mir el tablero:muchas veces habia sentido vrtigo ante lo munisioso de esa pasin, pero por primera vez set el peso de horas intiles.
El gigantesco rompecabazas era un monstruoso espejo en el que ahora me obligaban a reflejarme.
Solo los hombres incompletos podamos entregarnos a aquella locura.Encontr(sin buscarla, ni interesarme) la solucin.
-Llega un momento, en que los coleccionistas ya no vemos las piezas.Jugamos , en realidad con huecos, con espacios vacios.No se preocupe por las inscripciones de la pieza que Fabbri arranc: mire mejor la forma del hueco.
Lainez nir el punto den la ciudad parceladda:ley entonces la forma de una M
Montaldo fu arrestado inmediatamente.Desde entonces, cada mes envia un pequeo rompecabezas que fabrica en la prisin con madera y cartones.Siempre descubro,al terminar de armarlos, la forma de una pieza ausente, y leo en el hueco la inicial de mi nombre.


Autor: Maria Beln Lpez Iglesias
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